“Orfeón Holguín, una sociedad de coros”

foto: cortesía del entrevistado.

Al hablar de música cubana en la actualidad, enseguida nos llega a la mente fragmentos de ritmos como la rumba, el mambo, el chachachá y la conga; todos ellos géneros populares, surgidos de la influencia de españoles y africanos en la colonia. Hoy, no solo deberíamos pensar en ellos; pues desde el Triunfo Revolucionario se han encaminado proyectos para el desarrollo y la consolidación de la música de concierto en nuestra provincia.

La agrupación de primer nivel Orfeón Holguín, constituye un exponente de la música de cámara en la Ciudad de los Parques. Su fundación se debe a la maestra y pedagoga musical Ana Arriaza Fernández, el 4 de noviembre de 1964. En sus primeros años comenzó como un coro de artistas aficionados, pero posteriormente se profesionaliza en una de las presentaciones artísticas en La Habana, gracias al apoyo de Electo Silva quien fuera el director de Orfeón Santiago. Arriaza fue su directora por más de treinta años (1964-1993); la labor excepcional que realizó la hace merecedora de toda la admiración no solo de su público, sino también de sus colegas de trabajo. De 1933-1996 pasa a dirigirlo su hermano Andrés Arriaza y a partir de 1996 hasta la actualidad, Marilín Aldana es su encargada titular.


Este coro polifónico agrupa a veintisiete integrantes, tanto hombres como mujeres que acoplan a la perfección sus voces para la ejecución del repertorio musical. La mayoría de sus miembros cuenta con un segundo y primer nivel, solo cuatro no lo tienen por el impedimento que ha ocasionado la emergencia sanitaria mundial del COVID-19. Desde los 17 años cualquier joven con aptitudes para el canto puede insertarse en la compañía, pues a los dos años tiene la posibilidad de presentarse a una audición que realiza el Comité Técnico Asesor del Consejo del Centro de la Música.


Los ensayos se hacen por cuerdas, es decir sopranos, contraltos, tenores y bajos por separados; después se lleva al trabajo de grupo. Tiene una frecuencia de martes a viernes a partir de las 9:00am, en la calle Libertad E/ Cable y Ángel Guerra, Casa del Orfeón. Los éxitos que han alcanzado son fruto del esfuerzo y la dedicación de todos sus afiliados. El estudio individual ha primado para limar las asperezas personales y la perseverancia para aparejar el talento existente. Entre los espacios fijos de presentaciones están el Centro de Arte, La Periquera, Las Romerías de Mayo, La Fiesta de la Cultura Iberoamericana y la Jornada de la Cultura Holguinera, donde este último se les dedicó junto a otras agrupaciones que también cumplían aniversario en el 2020.


Entre sus interpretaciones se encuentran la música religiosa, la música de estilo de Beatriz Márquez, del venezolano César Alejandro Carrillo, la música latinoamericana y cubana (trova, son, guaguancó), los cuales evidencian la amplitud de variadas obras musicales. En todo este tiempo de confinamiento no han bajado la guardia en cuanto a preparación y cuidado se trata, desde sus hogares se han mantenido en colaboraciones; sus vídeos se pueden encontrar en la página de Facebook: Orfeón Holguín y en el Centro de la Música de Conciertos. Profesionalidad, cariño y ganas de hacer música son el ABC de esta magnífica agrupación. La invitación está hecha, lo demás va por ti.

audio: tomado del canal oficial en Youtube (fragmentos)

¿Plaza O’Donnell o de La Marqueta?

Foto: María Militza Ornella Fernández.

A los habitantes de la popular Ciudad de los Parques se les hace bastante común visitar o tener como punto de referencia La Plaza de La Marqueta, que al estar enclavada en el corazón de la urbe, indiscutiblemente alcanza un alto valor artístico y comercial. Este sitio no solo es expresión de innumerables sectores de la economía que se desarrollan en esta zona, sino que también contiene lo más profundo de lo que legó una sociedad costumbrista: tradiciones, cultura e idiosincrasia, todos ellos elementos propios del cubano.

Quien la observa tan icónica y moderna en la actualidad, lo menos que imagina es que tuvo que pasar por un amplio proceso de cambios y remodelaciones, pues su fundación data del siglo XIX, etapa colonial determinada por la influencia de la metrópoli española en la Isla. Pero antes de escogerse esa área como el sitio propicio para el desarrollo de las actividades del mercado, esta práctica era realizada primeramente en la Plaza de Armas, terreno que ocupa la Luz de Yara, y luego en la Plaza San José.

Este último cambio provocó la inconformidad y el malestar en la población, la cual veía afectados sus intereses. Y ante las incontables quejas, el licitador Pedro Rodríguez Batista, propuso que debía construirse en un solar que ofrecía cerca de la Laguna de los Lugones. Así fue como el 19 de mayo de 1848 se inauguró la Plaza de la Marqueta, con el nombre de Plaza O’Donnell, en homenaje al Capitán General Leopoldo O’Donnell, Gobernador de la Isla en esa fecha.

Lamentablemente en 1912 se tuvo que demoler la edificación por lo antihigiénico del lugar. Con paredes de ladrillos, techo de cerchas de acero y galerías en el exterior, el edificio del Mercado Modelo abrió sus puertas nuevamente en 1918, gracias a la labor del arquitecto Walfrido de Fuentes y Fuentes, contando ya para ese momento con los requerimientos necesarios para prestar un servicio de calidad a los pobladores.

Con el Triunfo de la Revolución, se deshabilitó como mercado y pasó a ser viviendas, en su mayoría cuarterías, además de oficinas, talleres y hasta un hotel. Tiempo después se destinó como fábrica de cerámica.

Este emblemático tesoro arquitectónico refleja lo más profundo en cuanto a hábitos se trata, pues es un espacio que promociona la exposición, venta y comercio de artesanías tanto de artistas foráneos como citadinos, quienes emergen a través de sus creaciones como los exponentes de una fuerte identidad criollista.

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